
Por poco tiempo caminaba y no veía a nadie, su compañía no era más que una sombra de lo que el tiempo había dejado, aún mantenía su color pálido en piel, sus uñas cortas, cabello disfrazado de negro noche, sus hombros y espalda fuerte, ya que en poco tiempo se había convertido también en una mujer que cargaba esa sombra para no perderla.
Llegó el momento en que se agotó, aunque las piernas eran fuertes y ligeras pero el peso era cada vez más fuerte, ya que la sombra comía mucho y su peso incrementaba, así que decidió tomarla de la mano y jalarla; pero cada vez se estaba volviendo más cansado y decidió no jalarla para ver si así corría a su paso y bajaba un poco de peso.
La mujer se arrancaba la piel al darse cuenta que no la seguía, una noche se perdió en la mirada de un ser desalineado, con sueños vaporosos como su vestido verde que siempre usaba.
Ese día se vio al espejo y noto que ya no era la misma desde que cargaba la sombra, le espanto ver como su reflejo era sin luz, su cuerpo se había perdido en las olas de otras ideas no compartidas, se sintió disfrazada de una desconocida, se espanto tanto que su energía fue tan fuerte que el espejo se hizo más de miles de pedazos diminutos que se adhirieron al suelo y a sus lágrimas rojas.
Una noche una luz le brindo una calma hasta la madrugada, vio salir el sol, callada por un buen rato sin saber que decir de lo que quería, se perdió en una mirada mientras las lágrimas purificaban y perdía el sueño, en la punta del Morelos.
Noto que no tenia garras para defenderse, eso indicaba que no era salvaje y soltó una sonrisa, ese día busco las miradas de todo ser que encontraba a su paso, busco y busco cada pedazo de su piel que se había arrancado con el tiempo, pretendió pegárselo pero se dio cuenta que era inútil volver a colocarse cada pedazo, sería como una cáscara seca que estorbaría cada paso, volvió a llorar frente a los pedazos de espejo.
Quería recuperar su tiempo, ahí se percato que era igual de los que hacia historias por la mañana, de los que se preocupan de los tiempos y de los que solo ven un punto y no la inmensidad. Volvió a llorar y decidió perder su cuerpo en el mar de sus lagrimas y dejo caer un reloj de bolsillo que alguien le obsequió.
Una noche se fue a lo más alto de la ciudad, ese lugar que antes frecuentaba con sus amigas, noto que comenzaba a irradiar luz, se estaba llenando otra vez su alma, en ese momento no quiso pensar.
Posteriormente volvía a salir con su vestido vaporoso verde; casi transparente la hacia andar como si flotará en la ciudad, se percato que sus sueños estaba en el suelo algo manchados y otros más danzaban con el viento como hojas en otoño, las recogió y fue guardando una a una en su bolso rosa.
Su rostro aún tenía el color pálido pero con un brillo de agua cristalina, su cabello obtenía el color natural pero con un andar libre en movimiento, habían ocasiones que la acompañaba ese loco músico, le encantaba que le contará como las cuerdas decían historias, sonreía mucho a la hora del almuerzo, volvían los sueños por las noches frescas, muchas visitas de ángeles guiaban las ideas. En otras ocasiones la acompañaba seres magníficos de pasos firmes, el dolor ya se había marchado, pero entendía que en algún momento fue necesario para poder buscar de nuevo el calor y su color porque era una mujer con nueva piel.
Con nuevo espejo corrió a casa, cuando lo colocaba se reflejó en el, noto que un par de alas blancas sobresalían de su espalda, sonrió y bailó al ritmo de música africana, hasta entrar en trance, viajó toda esa tarde y noche, por la madrugada apunto de que los rayos del sol invadiera su habitación regreso y abrió las ventanas, se despojo de las telas que la cubrían, dejando sus ideas broncearse.
Un buen baño de miel tomó poco después, y colocó color a una cicatriz que había quedado, dedicó buen momento para armar una historia de color, no pretendía disfrazarla, en realidad quería resaltarla, porque ya era parte de su historia.
No contaba que la sombra la volvería a seguir, sin embargo volver a verla no le removió más que furia en algún momento, pero como tenía uñas cortas, poco paso para olvidarlo y aunque la sombra aún quiere opacarle los días, recostarse sobre su espalda o simplemente tomarle la mano y buscarle la mirada, la mujer de piel nueva lo ve del mismo modo como cuando recogió cada pedazo de espejo, con una profunda serenidad y con ganas de poner en la basura cada pedazo, aunque esta era una sombra y no fragmentos de espejo.
Ahora por las madrugadas cuando esta sola la sombra, aún rodeado de muchas sombras, envía mensajes donde pide perdón y dice que extraña a esa mujer de nueva piel, mientras que ella solo escucha su desahogo sin hacer mayor caso y vuelve a dormir.
Supongo que la sombra no puede con el peso solo, ya que se le ha helado su alma, pero es tarde porque ni una chispa de calor podría darle esa mujer, porque es de piel nueva y con historias por recorrer sin sombras.