
Eres mi pedacito de cielo que Dios me regalo en febrero, y solo al verle en el despertar me doy cuenta que ni soñando podría ser tan feliz...
Pero cómo es, tienes unos ojitos de luz café, unos labios que me atrapan en cualquier lugar, guarda silencio cuando tiene que ser, me pone los pies en la tierra y hasta un buen café,
sus manos son tan fuertes y también son el embrujo del edén, su cabellera es acomodada un poco larga y me encanta cuando mis dedos bailan dentro de los cabellos,
su barba me atrapa como si fuera un secreto que nadie ha de saber.
Mientras le describo, mi vida duerme y aunque son más de las tres.
Su cuerpo delgado me invita a conocerlos con los dedos y la lengua, sin temer.
Es como una fruta en el árbol que se te antoja comerlo, me encanta escucharlo hablar, sus ideas son muy sencillas y a la vez tiene el poder de mover el timón de este mundo.
Su mirada es la que guarda las historias de la calle y del mundo que no queremos tener, es su profesión de la que también me enamore.
Sus pecas escondidas me cosquillean hasta la piel,
mientras vemos la TV su mano esta con la mía,
aunque no le gusta bailar se mueve muy bien aunque él no se lo ha de creer.
Cuando llueve me gusta contarle historias de esas que solo los dos queremos escuchar,
todo lo que puedo describir en este momento será largo y cursi, pero que importa si así se ve.
Nos encanta el frió para dormir, una buena taza de café y porque no una cerveza morena también.
Ya es hora de meterme a la cama y de besarle hasta los pies...
Ya es de mañana y los besos, un fuerte abrazo, a qué buen día va ser.
