Anoche, antes de salir de la oficina se dejo venir un chubasco. Ultimo día de Julio no puede ser casualidad, debe ser una metáfora le dije a Fabián, quien paso por mi. Apenas disfrutando de esa lluvia mis sandalias se resistieron y vaya sorpresa se rompen, no pudimos evitar soltar la carcajada y descalzarme en la avenida central.
Fue inevitable recordar las caricias de Las Nubes y volver a sentir esa sensación de tranquilidad que nos da la selva. Recuerdo que viajamos hasta Comitán para luego hacer un recorrido de 130 kilómetros para llegar a esa parte del Río de Santo Domingo, el cual esta rodeado de una gran vegetación, ideal para el turismo de aventura y porque no también un lugar romántico, donde se pude uno perder, ya es un escenario divino, porque al caer la noche se aprecia una alfombra de luciérnagas. Esa tarde que llegue a Las Nubes había una lluvia como la de anoche, en donde la buena charla hizo que desnudara mis recuerdos y también que mis pasos se cuidaran para evitar un moretón.
Mientras mis pies descalzos sentían el concreto caliente y lo fresco de la lluvia me transportaba aquella parte del estado donde habían unos brazos cálidos. Hace algunos años tuve la oportunidad de conocer el río caprichoso cuando aun no contaba con tantas comodidades, esta vez encontré cabañas de dos camas, ideal hasta para cuatro personas, cuentan con agua caliente, un par de ventanas para dejar pasar los ruidos del lugar, balcones con sillas o sillones como mejor te parezca, para entablar la buena charla con el acompañante mientras saboreas la noche y ves pasar algún murciélago para soltar historias de la infancia.
Ya entre las sábanas, el río nos canta y armando una orquesta con los grillos nos invita a sueños húmedos de selva, qué más pides de esa compañía...y si cuentas con la fortuna de despertar con unos ojos claros que te crucen la mirada, aunque la lluvia aun siga y la luz del día ya haya cruzado la ventana relájate estas en Las Nubes.
Cerca de las 8 de la mañana salimos a tomar una buenas fotos, pero antes un rico desayuno acompañado de un buen café con el trino de las aves típicas de la selva y el armonioso sonido de la caída del agua.
Con el norte escaso, nos permitió caminar y el sol sintiéndose un poco, además de la compañía de las chicharras, pájaros, hormigas y mariposas, así mismo nos otorgo la oportunidad de fotografiar miradas y uno que otro coqueteo con la naturaleza.
Pero el día hay que aprovecharlo para caminar, ya que cuenta con más de dos kilómetros en el terreno que cruza un laberinto hasta llegar al mirador principal donde se domina la vista del paso del río Santo Domingo, y se entiende el porque del nombre; ya que las cascadas al caer extasiadas por el recorrido levantan masas de agua pulverizada y formando así las nubes.
Este paradisíaco lugar te ofrece muchas alternativas para pasar un buen momento, por si quieres olvidar la ciudad y la monotonía, ya que es buen lugar para el rafting, kayak y tirolesa.
Ya en el departamento empapada, aún gozando de mi andar con pies desnudos por la avenida central me sentí identificada con la noche, pero extrañando esa selva, porque posiblemente la aventura sea una más pero siempre me quedará guardad la visión maravillosa en la piel por Las Nubes.
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