lunes, 15 de octubre de 2007

Disparo de mariposas




Mariposas púrpura vuelan en mi cabeza, parece que fue después de detonar el revolver de la verdad, ese que no quería ver, ese que algún día había de llegar.

Yo creí que el compromiso era de todo ser, pero ahora me doy cuenta que no hay lealtad, todo parece indicar que lo racional no nos queda, es algo tan tonto creer que podemos ser racionales.

Los labios se secan cuando las palabras ya no se sienten, los oídos se mueren cuando las cosas salen a flote y los ojos, esos ojos se comen entre ellos y olvidan las noches de lunas, los días de sol, solo ven lluvias tras la ventana, solo ven agujas paradas en la lengua.

Las manos se enfrían, se estancan en los hierros que armamos con el tiempo, las uñas se ensartan en el pecho del tiempo y lastiman el propio.

Mi entraña vacía se seca por los sueños que inventaste en el tiempo, el corazón palpita lentamente como si se suicidará en amarillo. Se guardan las fotos de sonrisas, las rosas y quedan solo cuchillos en la piel mientras te acuestas en la cama que ahora ya no es cálida.

Y qué queda? Solo un puñado de leche cortada que destilaste en un lecho de mentira, solo la sombra de lo que nunca fuiste. La mezcla perfecta para envenenarme.

Los pasos continúan como si fueran programados, el maquillaje en el rostro, las papas fritas se consumen sin sal, los inquilinos arácnidos se despiden de ti porque la sangre se ha consumido en agua.

Y el nosotros desaparece, según la Real Academia será un verbo pero no para esta casa, solo queda un yo. Ese yo que no espera un objeto como modo de vida, no espera nada de sujeto, solo queda un punto de partida y no es el comienzo es el fin, pero el tuyo. Tomo las maletas y no permito estancarme en tu fango.

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