
EL BUS
La mayoría de los que viajamos en la micro se acompaña de un anónimo
Dejamos caer la cabeza sobre el respaldo, sobre la ventana y la mirada puede perderse en un punto imaginario en la ventilla.
Un señor con arrugas tristes se acomoda para no sentirse incomodo ante el joven de olor a marca que con mirada de arrogancia lo ve llegar a su lado.
A una izquierda, la señora con bebé que chilla y chilla jalándole los cabellos, mientras ella solo le da una tunda y el llanto se hace más pesado.
A pesar de que es madrugada (con una hora adelantada ) el sueño se apodera de muchos d e los que viajamos en ese lugar y otros más con aparatos ruidosos en los oídos.
Suben dos ángeles de cara sucia cada uno con pequeñas cajas, ellos van parados aunque hay lugar para uno de ellos pero no la usan quizás porque ya de antemano conocen su desgracia, porque solo son niños boleros que viajan a la capital a trabajar.
Al fondo una pareja que se encamina a algún lugar, maleta en mano y ganas de seguir, ¿a dónde? Quizá ni ellos lo sepan.
El chofer que aun tararea la música de los Bukis y se acomoda unos lentes obscuros aunque no lo necesita porque el no deja caer sus rayos.
El ayudante toma lugar en uno de los asientos y continua con su siesta para olvidar algunos cambios.
Todos tomamos actitudes desoladas y pasivas, en ese momento nadie quiere platicar quizá porque es muy temprano y nadie se ve interesante para alguna charla.
Un niño se despierta y toma un juguete que la madre le da y también no tiene ganas de compartir su juguete con nadie, ni con el mismo así que lo guarda.
Algunos más tomamos el teléfono porque el paisaje se pierde con la oscuridad y yo ya te habré mandado un mensaje o estoy pensando en escribirte lo que me mueve en este momento.
Pero han pasado casi los treinta minutos y la ciudad ya se respira, se sulfuran los de adelante, jóvenes preparatorianos que no despertaron al salir de casa.
El checador verifica que todo salga claro
El niño vuelve a su juguete.
El hombre de arrugas tristes vuelve a su paisaje
Pero en esta micro la gente
construye su propio viaje.
Dejamos caer la cabeza sobre el respaldo, sobre la ventana y la mirada puede perderse en un punto imaginario en la ventilla.
Un señor con arrugas tristes se acomoda para no sentirse incomodo ante el joven de olor a marca que con mirada de arrogancia lo ve llegar a su lado.
A una izquierda, la señora con bebé que chilla y chilla jalándole los cabellos, mientras ella solo le da una tunda y el llanto se hace más pesado.
A pesar de que es madrugada (con una hora adelantada ) el sueño se apodera de muchos d e los que viajamos en ese lugar y otros más con aparatos ruidosos en los oídos.
Suben dos ángeles de cara sucia cada uno con pequeñas cajas, ellos van parados aunque hay lugar para uno de ellos pero no la usan quizás porque ya de antemano conocen su desgracia, porque solo son niños boleros que viajan a la capital a trabajar.
Al fondo una pareja que se encamina a algún lugar, maleta en mano y ganas de seguir, ¿a dónde? Quizá ni ellos lo sepan.
El chofer que aun tararea la música de los Bukis y se acomoda unos lentes obscuros aunque no lo necesita porque el no deja caer sus rayos.
El ayudante toma lugar en uno de los asientos y continua con su siesta para olvidar algunos cambios.
Todos tomamos actitudes desoladas y pasivas, en ese momento nadie quiere platicar quizá porque es muy temprano y nadie se ve interesante para alguna charla.
Un niño se despierta y toma un juguete que la madre le da y también no tiene ganas de compartir su juguete con nadie, ni con el mismo así que lo guarda.
Algunos más tomamos el teléfono porque el paisaje se pierde con la oscuridad y yo ya te habré mandado un mensaje o estoy pensando en escribirte lo que me mueve en este momento.
Pero han pasado casi los treinta minutos y la ciudad ya se respira, se sulfuran los de adelante, jóvenes preparatorianos que no despertaron al salir de casa.
El checador verifica que todo salga claro
El niño vuelve a su juguete.
El hombre de arrugas tristes vuelve a su paisaje
Pero en esta micro la gente
construye su propio viaje.
Y yo pienso en ti
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